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¿CÓMO ESTÁ LA SALUD MENTAL EN LA LIBERTAD AVANZA?

  • 11 may
  • 1 min de lectura

El clima político actual se ve atravesado por una incertidumbre que va más allá de la gestión. La acumulación de reacciones impulsivas y comportamientos erráticos dentro del oficialismo ha trasladado el debate de las ideas al terreno de la estabilidad emocional. Lo que para algunos es un estilo "disruptivo", para otros ya representa una desconexión preocupante con la realidad y las formas institucionales.



​ La agresividad en el discurso y la defensa del fanatismo ciego como bandera han configurado un ecosistema donde el equilibrio parece haber sido desplazado. Entre declaraciones que rozan lo delirante y una estética de la confrontación constante, surge un interrogante inevitable: ¿Estamos ante una nueva forma de hacer política o frente a un cuadro de desequilibrio generalizado en las filas del poder?


​ La propia senadora Belén Montes de Oca encendió la polémica con una frase que, aunque expresada en el marco de una comisión en el Congreso, resuena con fuerza sobre la situación de sus propios aliados. Al analizar este tipo de conductas, fue tajante: "Si los queremos ayudar, lo que debemos hacer es reconocer que hay, no un padecimiento, sino un trastorno".


​ ¿Hablaba de quienes integran su mismo espacio político? La duda queda instalada en una sociedad que observa con asombro cómo los desvaríos personales y las respuestas fuera de lógica se vuelven moneda corriente. En un país que exige templanza, la salud mental de quienes conducen el destino público se ha convertido en el gran interrogante de la política argentina.

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